miércoles, 9 de mayo de 2012

¿Y por qué? ¿y para que mentimos?

Cuanto tiempo sin meterme en mi querido blog ¿me seguira queriendo?
Durante mi ausencia he sufrido muchas decepciones y siempre con mentiras de por medio ¿y por qué?
Una de las cosas que más me repugna, es la mentira. Cuando alguien me miente, o al menos lo intenta, consigue que se despierte en mí una sensación extraña, diría que casi asombrosa de desconfianza total. Últimamente y tras los acontecimientos vividos, lo cierto es que no me fío de nadie. Creo concienzudamente que todos somos potencialmente mentirosos, pero la pregunta es la siguiente ¿Por qué mentimos? ¿Mentimos para conseguir cosas que de otro modo serían imposibles?¿Quizá lo hagamos por narcisismo puro y duro?¿Está siempre primero el "yo" y después los demás, o es que no pensamos en las repercusiones que puede tener el hecho de mentir, sin más?¿Acaso nos gusta ese gusanillo que corre por el estómago de no saber si nos pillarán? ... Un millón de preguntas que me hago, desde una perspectiva absolutamente realista, porque obviamente, señores, yo también he mentido.

Precisamente porque alguna vez lo he hecho, sé lo que se siente, sé lo que puede llegarte a incomodar y por mi forma de ser, sé lo mal que se pasa. Al menos yo he de reconocer que en poco tiempo acabo "vomitando" la verdad, porque es la única forma que tengo de sentirme de nuevo, bien conmigo misma, asumiendo todas las consecuencias...

Es terrible, sin duda una sensación de mal estar la que se genera en uno, cuando sabes que te están mintiendo. He de reconocer, que vivir con la desconfianza continua, no te lleva a nada, es terrible y no te deja disfrutar de las cosas hasta el último segundo. Por otro lado la opción de pasar de todo, de ver no indagar, de quedarse quieto, mirando y vivir el día el día sin preguntarse el por qué de algunas conductas extrañas, puede ser la solución a esta desazón que se siente mientras miras de reojo... Pero por otro lado te planteas, y ¿Para qué voy a estar viviendo en la inopia, si en cualquier momento me van a mandar a paseo... No será mejor darse cuenta una misma y tomar decisiones? Lo cierto es que no lo sé... Sigo preguntándome una y otra vez, ¿Por qué mentimos...?

Tanta ha sido mi insistencia que como no podía ser de otra forma, me he metido en la red e indagando en varias Webs y en muchas se habla de esto, pero mencionaré al:

Dr Horacio Krell. Director de Ilvem en su artículo publicado en : http://www.ilvem.com/shop/detallenot.asp?notid=1689 .

¿Por qué mentimos?: Hay mentiras piadosas, mentiras por error, mentiras deliberadas, mentiras por omisión. Callar cuando debimos hablar es una de las peores mentiras.

Aristóteles decía que era amigo de Platón pero que más amigo era de la verdad.



Mentimos por diversos motivos, para mostrar mejor imagen, para convencer a alguien de algo. La mejor de las mentiras es cuando se miente por amor o para evitar una injusticia. La graduación entre buenas y malas mentiras es un proceso delicado.
Lo que molesta tanto de la mentira es que para vivir en sociedad necesitamos construir un consenso, por eso, pese a que sabemos que existe la mentira, hay una presunción de verdad y no de mentira: “Es verdadero hasta que se pruebe lo contrario”.

¿Qué es la presunción? La presunción es una expectativa razonable sobre el futuro que dirige la atención. Para convivir necesitamos una teoría sobre cómo funciona el mundo. Hay presunciones que surgen de un acuerdo social, como que “una persona es inocente hasta que se demuestre su culpa”, pero podría funcionar de otra manera.

Para lograr inteligibilidad aceptamos que las cosas son de un cierto modo, que blanco es blanco, que mañana será un lindo día, que las personas serán las mismas mañana. Una comunidad organizada busca distinguir las respuestas verdaderas de las desviadas.
La condición necesaria. Preguntarnos por qué mentimos es posible gracias al lenguaje, sus presunciones nos condicionan. En la lectura o en la escucha., la presunción de comprensión, es que entendemos el mensaje, la de verdad es que lo que dice es cierto y la de valor es que por algo se dice lo que se dice.
Para negar una presunción, debemos invertir la carga de la prueba, probar cuál es su fallo. No hay enunciados inocentes, todo lo que se dice está cargado de teoría. Para oponerse a algo o considerarlo falso hay que argumentar en ciclos reconstructivos de razonamientos alternativos. Las certezas prácticas, las leyes causales, las teorías, son conductores materiales, positivas a corto plazo, pero las virtudes argumentales, que apuntan al largo plazo, son los conductores permanentes de la verdad.
Quien se aferra demasiado a certezas, demuestra que no reflexiona sobre ellas. Las creencias rígidas impiden pensar. El lenguaje puede ser el instrumento de la mentira. La mentira más peligrosa es la de mala fe, que se hace para estafar, para dañar, para perjudicar. Pero la mentira requiere la complicidad del engañado, ve lo que quiere ver.
En la época de sida la infidelidad se puede transformar en una traición fatal.
Decálogo para cazar mentirosos. La materia faltante en nuestra educación es inteligencia emocional, la capacidad de entenderse a uno mismo para no autoengañarse y de entender a los demás para no ser engañado.
1- Lenguaje corporal. Ver sus gestos: su mirada esquiva esconde una mentira.
2- Movimientos inconscientes. Los que no controla como el sudor o ponerse colorado.
3- Conducta. No contesta enseguida, habla en tercera persona, le incomoda el silencio.
4- Gestos . Sobreactúa, mira fijo o ríe en exceso, como lo haría un ventrílocuo.
5- Repreguntas: Obligarlo a dar respuestas y observar sus contradicciones.
6- Lenguaje verbal. Incide en un 7%, el tono en un 38 %; el 55 % es lenguaje no verbal: para lanzar una mirada que mata no hace falta abrir la boca.
7- Mujeres. Al mentir superan al varón, aprenden gestos mientras crían a sus hijos
8- Incongruencias. Analizar discrepancias entre lo que dice y lo que se hace.
9- El niño y el adulto. El niño se tapa la boca, el adulto disimula tocándose la nariz
10- Actores. El principio del detector de mentiras es que el doble discurso autoengaña. Pero el que sabe mentir hace que nos traguemos la carnada con el anzuelo puesto. Las técnicas actorales enseñan a asociar el habla con gestos sinceros. Como el que miente se traiciona se finge mejor por teléfono o MSN. Por eso al acusado se lo interroga en una silla y a plena luz. El cuerpo habla, al dominar sus señales nos remontamos a los orígenes de la vida, a los límites estrechos que separan los reinos humano y animal.
La mentira tiene las patas cortas, al decir una mentira nos estamos engañando. Para evitarlo el mejor consejo es el de Sócrates: “Conócete a ti mismo”.
Por qué mentimos. La famosa rima de Campoamor dice: “En este mundo traidor / nada es verdad ni mentira. / Todo tiene el color / del cristal con que se mira”. Es muy bonita, pero se puede usar para respaldar cualquier relativismo.
Podemos comparar esos versos con los de Antonio Machado: —“¿Tu verdad? / No: La verdad / Y ven conmigo a buscarla / La tuya, guárdatela”. —Toda conjetura es una pretensión de verdad que se cumplirá o no –es decir, que será verdadera o falsa – con absoluta independencia de quien la emita.
En el siglo XVII un sabio dominaba todo el saber de la época, hoy sólo hay especialistas que tienen el martillo de su conocimiento y que, por lo tanto, todo lo que pueden ver es un clavo. En un mundo tan traidor como complejo debemos poner en un altar a la verdad para construir el edificio que nos cobije a todos. Llevar encendida la antorcha de la verdad y no la de la mentira es lo que, tarde o temprano, nos hará libres.
Pues este seria el relato de estos doctores que han desengranado una a una todas y cada una de los tipos de mentiras y lo más importante, nos han dado un decálogo para cazar al que miente... En realidad no sé si es bueno saber todo esto o si por el contrario te puede llevar a analizar demasiado y en ocasiones meter la pata, lo que tengo claro es que a día de hoy no soy capaz de otra cosa que no sea analizar todas y cada una de las mentiras que creo que me dice día sí y día también. El día que sea capaz de pasar de ellas, de dejar de analizar, de dejar de desconfiar, probablemente seré mucho más feliz, pero como siempre digo: "La confianza hay que ganársela, no se regala".