jueves, 13 de enero de 2011

Somos prejuiciosos por naturaleza...

Solemos juzgar a todas las personas que conocemos, incluso a las que ni siquiera sabemos en realidad como son. Es un tema que me da mucho que pensar, puesto que a pesar de que es algo que me indigna enormemente (sobre todo cuando lo hacen conmigo) soy la primera que reconozco que muchas veces y casi por inercia, mi cabeza juzga actuaciones, comportamientos, conductas y demás situaciones que veo en los demás. Es típico intentar ponerse en el lugar del otro y dar una opinión respecto a lo que consideras que tú harías... ¿Pero ciertamente, si te vieras en esa situación, con esas mismas circunstancias... No actuarías igual?¿Incluso no te sorprenderías a ti misma haciendo algo completamente contrario a lo que siempre pensaste?. Es difícil, muy difícil tener claro como actuaríamos en todos y cada uno de los obstáculos o situaciones que te regala la vida, pero sin duda demasiado fácil juzgar o pre-juzgar lo que haría otro. He llegado a la conclusión de que deberíamos entender más y mejor a esas personas que al menos, las que están a nuestro alrededor, nos cuentan sus historias, cómo han actuado ante ellas y cómo las han atajado en cada caso, realmente quizás aprendamos así a no creer que siempre estamos en posesión de la verdad. Juzgamos todo, desde cómo va vestido a alguien, la comunicación no verbal que utiliza, el color de la sombra de ojos e incluso la manera de andar por la calle, tanto... Que creemos tener una idea casi real de cómo es esa persona, casi sin haberla escuchado hablar. Juzgamos y nos montamos nuestras propias historias basadas en nuestras propias creencias. Una persona que consideramos bien vestida, con buen cuerpo, aseada, arreglada, pintada, con bolsas del corte inglés en la mano, y con actitud de fuerza, nos pensamos sin duda que es una mujer con éxito que probablemente lo tenga todo en la vida y por qué no, tenga una vida feliz, sin embargo, quizás tras conocerla, hablar con ella y observarla algo más, en el fondo su vida ni es tan genial, ni es tan fantástica ni se acerca tanto a esa felicidad que ella busca... Al contrario también solemos hacerlo... En definitiva, que siempre estamos juzgando, pre-juzgando y casi casi sentenciando a las personas sin casi darles la oportunidad de conocer algo más de ellas. Supongo que todo esto se basa en nuestras propias creencias, ésas que muchas veces nos limitan tanto, que consiguen que no rompamos esa fuerte barrera que nos permita saber algo más, para poder así tener una opinión fiel de la realidad. Esta semana mis amigas no me han juzgado. Por miedo a contarles algo que hice, que sabía de antemano que no les iba a gustar, tras contárselo, no sólo me han entendido, sino que además han comprendido, dadas las circunstancias, mi conducta y actuación en ése momento. Me han dado una lección que probablemente es la que me haga estar ahora mismo dándome cuenta lo importante que es no juzgar a las personas, intentar ponerse en su lugar, y quién sabe... Quizás seas tú mañana la que actúe igual en circunstancias parecidas...
De todo se aprende, y creo que en este país esto de juzgar y lapidar con opiniones ofensivas está demasiado instaurado, es casi una afición costumbrista, de la que deberíamos reflexionar por las consecuencias que éstas pueden traer, no sólo a la persona que se critica o juzga sino también por la imagen que da la persona que se basa sólo en lo que ve para hacerlo, como decía Platón, el mundo de los sentidos la mayoría de las veces nos engaña, no debemos guiarnos sólo por eso, indaguemos más para poder tener una opinión basada en hechos que no destroce a las personas. Y por supuesto no dar jamás una opinión, si realmente no se requiere por parte de alguien implicado, en el fondo a nadie le importa lo que pensemos...


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