martes, 4 de enero de 2011

¿Por que...?


Me llama poderosamente la atención darme cuenta de que tras pasar los años, tras vivir varias relaciones sentimentales fallidas, tras pasar poco, poquísimo tiempo después de dejarlo, mis ex-parejas rehacen sus vidas de una manera pasmosamente feliz. Me pregunto muchas veces ¿Por qué? No es que me moleste, simplemente me da la sensación de que yo soy la novia de transición para encontrar a la supuesta mujer de su vida con la que luego se van a vivir juntos, se van a casar o a tener hijos, mientras yo, tras 25 años sigo "buscando", de alguna manera encontrar alguien que encaje conmigo, que desee de verdad tener una mujer como yo al lado y que disfrute de todas esas cosas que siempre he deseado hacer con esa persona que realmente lo merezca de verdad: Viajar, disfrutar de nosotros, leer juntos en la cama, ir al cine, escapadas sorpresas, un detalle sin venir a cuento o un simple TE AMO en mitad de una discusión...

La realidad es que sentimentalmente, y a pesar de que mi madre siempre dice que soy joven, creo no tener demasiada suerte en este campo. No creo que me enamore con facilidad pero si me abro demasiado rápido, probablemente sin dar píe a ningún tipo de demostración ajena suficientemente importante como para que yo entienda que merece la pena apostar. Yo siempre tiro ficha, a rojo o negro, par o impar, arriesgo... Para acabar perdiendo casi el doble de lo que tiré en el tapete, y lo peor es que tengo la sensación de que el Crupier no deja de mirarme con cara de lástima, pidiéndome con los ojos, que recoja mi abrigo, mi bolso y me largue de allí echando leches, lo mio no es la suerte ni el juego ni en el amor... Simplemente es un símil, pero creo que podía encajar bastante bien con la sensación de fracaso o pérdida que siento una y otra vez, relación tras relación. Sería genial tener un botón, como mi Router, donde apretando máximo 3 segundos, se reseteara absolutamente todo mi corazón y especialmente mis miedos y mis limitaciones/prejuicios mentales para volver a enfrentarme a una situación tan divertida, como el flirteo, con entusiasmo, como antes. ¿Abre dejado de lado el hecho de que me apetezca gustar y por eso ya casi ni me divierte el hecho de que un tipo aparente me mire, me pida el teléfono? ¿Por qué cada vez que lo hacen siento que es todo una farsa, donde solamente se busca el intercambio carnal y si te he visto no me acuerdo? ¿Por qué yo no valgo para eso?... ¿Por qué la gente parece tan feliz teniendo 3, 4 folla-amigos que les llaman de vez en cuando, se desfogan una vez al mes con cada uno, hacen algún plan estúpido pre-polvo y se quedan tan satisfechos?¿Por qué a mí no me llena eso?... Realmente no conozco al día de hoy, ninguna mujer más fogosa que yo, al menos entre las féminas que conozco, cada vez que sale el tema sexo, ciertamente tengo una manera de verlo, sentirlo y practicarlo libre, pero siempre con quien quiero, cuando quiero y con quien realmente deseo a más niveles aparte del simple gozo carnal, no me vale un cuerpo bonito y punto... Necesito algo más. Ése algo más es el que cuando cuaja todo lo demás, me hace pillarme, y de nuevo volver a desquebrajarse en mil pedazos mi pequeño y ya limitado corazón... Entonces ¿Qué debo hacer?¿En qué tengo que convertirme?¿ O mejor aún, ¿Cuál debe ser mi conducta respecto a esto?¿Qué pruebas debo llevar a cabo para comprobar que no voy a volverla a cagar enamorándome de un niño caprichoso o de un tío que solamente me quiere para pasar el rato y punto?¿Por qué yo no busco eso mismo?... Son tantas preguntas, ha cambiado tanto todo... Se han acabado las miradas, los flirteos encantadores, la amabilidad, el caballerismo más sincero (que no ridículamente cursi) los mil cafés y cenas antes de esa primera noche de contacto físico, se han olvidado los detalles, el enamorar al personal... Tanto que parezco siempre yo el tío de las películas de los años 50, haciendo precisamente, lo que en su día hacían ellos... Me curro a la persona, las situaciones... Cosas que conmigo jamás se han trabajado, doy importancia a todos, todos y cada uno de los detalles de cualquier cita y precisamente por eso, me doy cuenta al llegar a casa, de lo subnormal que soy... Una y otra vez...

En ocasiones las desconfianzas, las malas rachas y demás hacen que sólo sientas confusión... Así me encuentro ahora, confusa, dispersa y tambaleándome entre mis valores de siempre y esta nueva sociedad que parece, jamás acabaré de entender....

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