martes, 31 de agosto de 2010

Quien espera desespera.

Muchas veces hemos utilizado este dicho cuando hemos querido algo con muchas ganas y nos ha costado mucho conseguirlo hasta el punto de llegar a la desesperación más absoluta. ¿Debemos de considerar verdaderamente importante aquello que esperamos para de verdad esperar por ello? Quien espera se desespera ¿y quién se desespera? Considero que si de verdad se quiere algo de verdad hay que ir sin miedo a por ello, fijarnos un objetivo e ir hasta el final tanto si es para bien como si es para mal y si hace falta esperar si realmente merece la pena. ¿Cómo sabemos si merece la pena nuestro objetivo? ¿Cuándo cesa la espera para pasar al desespero? Si espero es porque quiero, ¿no?

Soy una persona muy impulsiva de “AQUÍ Y AHORA” pero últimamente estoy aprendiendo a darle tiempo a las cosas con algo de desespero pero también con algo de calma. De la noche a la mañana una persona como yo no puede estar calmada y relajada viéndolas venir así como el que ve llover porque me subo por las paredes pero si ahora tengo que estar un tiempo subiéndome de vez en cuando por las paredes… pues me subiré todo sea por mi objetivo.

A veces no hay paciencia y con un grito podría silenciar toda esa desesperación de que las cosas por una vez en mucho tiempo me salgan bien. No quisiera mandarlo a la mierda pero no sería la primera vez que me canso de esperar y pierdo la paciencia e incluso las formas. Juego a ser princesa, me aburro y me canso de siempre ser la misma, la que espera en la torreta a que alguien vaya a rescatarme, la que espera en ausencia y en ausencia de ese alguien desespera por esa espera…

Podría maldecir cada minuto que estoy esperando un simple gesto de cualquier persona “da, da, da, da, da, da… y no esperes a recibir” Estoy harta de dar y no recibir ninguna recompensa, me paso media vida dando todo lo mejor de mi misma sin recibir nada a cambio porque no me sale pedir ni me sale esperar nada de nadie, pero llega el momento en el cual te planteas que alguna vez tus buenos gestos podrían dar frutos, te planteas que tu espera tiene una recompensa cercana más cercana de lo que tu mente puede llegar a imaginar y apaciguas esa impaciencia que te invade cada dos por tres.

Espero y deseo con gran desasosiego que un día me mires a la cara y me digas lo que tanto quiero oír, ese día el agua se calmará y el aire volará tan bajo que nos susurrará que estamos vivos….

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